“Cuando era protestante yo notaba que mi religión era seca y triste, pero no mi vida; sin embargo siendo católico mi vida es triste y seca, pero no mi religión”

(Beato Card. John Henry Newman)

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La redentora de cautivos. Cirugía litúrgico-teológica.

A mi Dulce Madre de la Merced,

la Virgen de mi infancia…

 

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Dejando aparte los datos y consideraciones históricas sobre el origen de la insigne Orden de la Santísima Madre de Dios, bajo el título de “Nuestra Señora de la Merced” o “de las Mercedes”, nuestra breve reflexión quisiera centrase en el contenido doctrinal que nos ofrece la oración del día que encontramos en el Misal y el Breviario Romanos de la edición 1962.

 

Puede constatar el lector las sucesivas modificaciones sufridas por las dos últimas traducciones de la oración Colecta (oración del día de la fiesta) y comprobar por sí, lo que tanto hemos venido diciendo sobre la “lex orandi”.

Así constatará cómo del sentido originario –no sólo de la Orden redentora de cautivos, sino además de la espiritualidad que denota- una rotación (siempre en el mismo sentido de pérdida del “sentido católico”) hacia esa tan pregonada “promoción humana” que alcanza su más alta formulación en lo que toda la teología de la liberación ha llamado y llama “opresión” y lo que éste término, según sus principios, declara.

 

MISAL ROMANO, 1962

 

Deus, qui per gloriosíssimam Fílii tui Matrem, ad liberandos Christi fidéles a potestáte paganórum, nova Ecclésiam tuam prole amplificáre dignátus es: præsta, quaesumus; ut, quam pie venerámur tanti óperis institutrícem, eius páriter méritis et intercessióne, a peccátis ómnibus et captivitáte daemonis liberémur.
Per eundem Dominum nostrum Iesum Christum filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. (*)

 

Oh Dios, que por mediación de la gloriosísima Madre de tu Hijo, te dignaste aumentar tu Iglesia con una nueva Orden para librar a los fieles cristianos del poder de los paganos; te rogamos, por los méritos e intercesión de la Virgen, que devotamente veneramos como fundadora de tan grande Obra, nos concedas librarnos de todo pecado y de la cautividad del demonio. Por el mismo N.S.J.C tu Hijo…

 

EDICIÓN MISAL ARGENTINO 1981

 

Señor, Dios nuestro, en tu admirable providencia quisiste que la madre de tu Hijo único experimentase las angustias y los sufrimientos humanos;

por la intercesión de María,

consuelo de los afligidos

y liberadora de los cautivos,

concede a los que sufren cualquier modo de esclavitud,

la verdadera libertad de los hijos de Dios.

Por nuestro Señor Jesucristo.

 

EDICIÓN MISAL ARGENTINO 2011

 

Padre misericordioso, que otorgaste la redención a los hombres por medio de tu Hijo, concede, a cuantos invocamos a su Madre con el título de la Merced, mantenernos en la verdadera libertad de hijos, que Jesucristo nos mereció con su sacrificio, y ofrecerla incansablemente a todos los hombres.

Él que vive y reina contigo

 

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Cualquier avisado lector podrá comprobar la cadencia –o decadencia- de los contenidos de fe, el espíritu que impregna las sucesivas reformas de la oración que intentamos analizar.

 

1ª Oración

 

a) Se formula inicialmente la mediación de la gloriosísima Madre Cristo, atribuyéndole la inspiración de la fundación de una ORDEN destinada a liberar a los fieles cristianos del poder de los paganos.

No puede decirse que esta sea una mera circunstancia histórica que no haya tenido ningún repique posterior al siglo XIII. Bástenos leer las crónicas diarias de las persecuciones del Islam en regiones como África, la India, etc. y los apremiantes y desesperados llamados de atención al mundo (cristiano o no) de las atrocidades padecidas por miles de católicos en aquellas regiones.

No puede decirse que la Orden de la Merced hoy debiera replantearse su “carisma” primigenio: la esclavitud (en variadísimas formas) es padecida por los cristianos en muchos territorios “paganos”.

 

b) La petición dirigida a Dios tiene como objeto una doble liberación: en primer término, la del pecado. Como lo enseña Jesucristo en el Evangelio: “todo el que comete pecado, es esclavo”

Huelgan comentarios que avalen la verdad de las palabras del Señor: el pecado es la primera, la gran, la tremenda y la constante amenaza de esclavitud del hombre.

Nacemos con el pecado original, del que sólo diremos que es un estado de la naturaleza humana de enemistad con Dios, anterior a toda decisión personal.

Pecado original originante, que llamamos en teología.

Y el pecado original originado, que es el que cada hombre, en uso de su razón y libre albedrío, comete de forma personal, como autodeterminación frente a un mandato divino.

Lucha constante, que como el Apóstol, experimentamos en nuestros miembros; oscilación entre los “dos hombres” que pelean dentro nuestro: el que ve el bien y lo aprueba, y el que escoge lo peor…

En segundo lugar, se hace explícita mención al gestor del pecado en el mundo, a ese ser personal que la Revelación y toda la Tradición de la Iglesia, llaman Satanás o demonio: el enemigo de Dios y del hombre, Su imagen y Su semejanza.

Por mediación de Aquella que aplastó la cabeza del dragón infernal, implora la Iglesia en este día, la disolución de todo vínculo (cadenas) que amarran al hombre y le impiden su plena realización humana y la consecución de su destino eterno.

 

2ª Oración

 

Ya reformada la liturgia –con la consigna de Bugnini de hacer una “buena cirugía estética” al Misal, a partir de 1970, nos encontramos con variantes significativas, aunque se podría decir que el tema de la redención de “cualquier modo de esclavitud”, dejaría a salvo lo esencial de la razón de la Fiesta mariana, si bien, resulta llamativo que el señor demonio haya sido borrado del texto, ya que no eliminado del mundo en el que impera.

Ya no se menciona explícitamente la Orden de la Merced. Sospecho las razones. Las dejaremos de lado.

Podría rescatarse la apreciación antropológicamente acertada que se hace acerca del estado de opresión existencial del hombre viator.

Hasta aquí, con las rebajas ya notadas, el sentido de la fe, aunque aguado por el prurito de cambiar todo a toda costa y la sensibilidad del hombre moderno (cabría preguntarse a qué sensibilidad nos estaríamos remitiendo…) mantiene un sentido ortodoxo de la redención operada por Jesucristo sobre los hombres.

Destaco que esta traducción realizada en 1981 para el Misal Romano (editado en Argentina) fue confiada a personas que conservaban el sentido católico y eran peritos en lengua latina.

 

3ª Oración

 

Continúa la cirugía a lo que parece a manos de jíbaros…

No hace mención alguna a “gracia específica” de la advocación mariana que se celebra, a saber la redención o liberación; ni de la esclavitud del pecado, ni la del demonio, ni siquiera se mantuvo la invención introducida en la versión del 81 de “las angustias y los sufrimientos humanos”, cosa muy del estilo del “humanismo cristiano”, lo cual algo más hubiese especificado.

Por supuesto que, fiel al principio de sustituir a troche y moche el Dominus por Padre, la oración sigue el esquema predeterminado por la “teología del Padre”.

Tema complejo, al que por toda respuesta, uno de los grandes “compositores” del Misal Argentino, prelado él, cuando le objeté esta cuestión me dijo que se tradujo por Padre porque ya la gente no entiende el término “ Señor”, que se refería al “Dominus”, o sea al Emperador!!! ¡Como si alguno de nosotros hubiésemos vivido bajo el gobierno de un Basileus! ¡¡¡Magnífico absurdo!!!

El final, si no objetable, siempre en la clave de ese beatificante sentimiento de “hermandad universal” de cercanía, fraternidad, pero que nada dice de la liberación que todo hombre necesita.

Y como se trata de una liberación que “viene de lo alto”, no puede generarse desde el simple ofrecimiento de un par, tan cautivo como el otro, y tan necesitado de la gracia para romper las gruesas o sutiles cadenas que a todos nos amarran y quitan la auténtica libertad.

 

Conclusión:

Lo de siempre, más agua al vino bueno –intenso y embriagante- del Evangelio de Cristo.

¡Ah! Y no nos olvidemos que la brevedad de las oraciones (no de las homilías) sigue siendo la suprema lex…

 

(*) Ponemos tilde a las palabras latinas –que nunca llevan- para facilitar la lectura.

 

 

 

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P. Ismael

Las grandes Antífonas “O”

 

 

 

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De origen romano (s. VII) según el testimonio de Amalario de Metz, en número decenario hasta S. Pío V, que las fija en siete, las grandes antífonas de Vísperas de la última semana de Adviento (del 17 al 23 de diciembre) constituyen unos de los tesoros litúrgicos más bellos del Oficio Divino.

 

 

Verdaderas plegarias de inspiración netamente veterotestamentaria, repletas de esperanza y alegría, constituyen una llamada apremiante de la Santa Iglesia por la venida del Mesías.

 

Han recibido tradicionalmente el nombre de ANTIFONAS “O”, por empezar cada una de ellas con una piadosa O! (¡Oh!) Composiciones del clásico canto gregoriano, sobre la misma melodía van expresando gradualmente los anhelos de la humanidad por la llegada del Emmanuel, el “Dios con nosotros”.

 

El P. Azcárate, osb refiere que algún liturgista ha hecho notar que las letras iniciales de estas Antífonas, invertidas (es decir, comenzando por la del día 23) conforman un acróstico: ERO CRAS (estaré mañana), como respuesta del Divino Emmanuel a los llamados de Su Iglesia.

 

 

E mmanuel

 

R ex Gentium

 

O riens

 

 

C lavis David

 

R adix Iesse

 

A donai

 

S apientia

 

 

A partir del 17 , comenzando por la primera (O Sapientia) iremos comentando día a día su sentido, intentando extraer de su jugoso contenido una gota para nuestra meditación.

 

 

 

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P. Ismael

La Fe en la Argentina de 1945

¿Escucharemos algo así en los próximos “festejos”?


Aproximándose la celebración del II Centenario de la Patria, transcribo la Consagración de la Nación Argentina al Sagrado Corazón de Jesús, formulada por el Venerable Episcopado Argentino* y solemnemente efectuada el 28 de octubre de 1945.


Nótese su fundamento evangélico, su teología católica, la altura de los valores, la cultura de sus redactores, entre muchas cosas de notar…


Cualquier desemejanza con la realidad (eclesial y socio cultural) actual, es absoluta causalidad.


Para pensar, comparar y reparar…


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“Corazón sacratísimo de Jesús, Verbo eterno, hecho hombre, que con el Padre y el Espíritu Santo nos has creado y que en las alturas del Calvario con tu pasión y muerte nos has redimido, siendo así doblemente Señor Nuestro, los Pastores de esta tu Nación privilegiada, juntamente con todo su pueblo, están postrados ante la Hostia sacrosanta en la que palpita real y verdaderamente tu divino Corazón.**


Desde las ciudades populosas y desde los pequeños poblados de nuestra Patria, desde sus amplias llanuras y desde sus altas montañas, desde los hogares modestos y desde las suntuosas moradas, nos hemos congregado a millares junto a Ti, con fe, con gratitud y con amor.


La Fe católica que nos ha traído hasta aquí y que nos infundiste en el Bautismo, es la fe de nuestros próceres, de nuestras madres, de nuestros estadistas, que en el preámbulo de la Constitución te proclamaron fuente de toda razón y justicia.


Nuestra gratitud profunda tiene origen en la inmensa caridad con que nos amaste desde toda la eternidad en el seno de la Trinidad Beatísima, y que se manifiesta en Belén al nacer, en la cruz al morir, en el Sagrario al quedarte en medio de nosotros, en los beneficios sin cuento que has derramado sobre nuestra Nación, que confesamos no merecer, y que, por lo mismo, comprometen en mayor grado nuestro sincero agradecimiento.


¿Cómo podríamos afirmar que agradecemos tus innumerables dones, si la llama del amor hacia Ti no abrasa a nuestro pobre corazón?


Con estos sentimientos, humildemente contritos de nuestras faltas, como manifestación externa de nuestro acendrado amor, accediendo a tus más vivos anhelos, hoy estamos ante Tu presencia para suplicarte que te dignes aceptar nuestra consagración irrevocable y la de nuestra Patria a tu Divino Corazón.


Corazón sacratísimo de Jesús: los Obispos y el Clero nos consagramos a Ti. Haz que los Pastores al apacentar tu grey seamos sucesores dignos de los Apóstoles y que los Sacerdotes con la palabra y el ejemplo, manifiesten que son otros Cristos.


Corazón sacratísimo de Jesús: te consagramos nuestras Diócesis y nuestras Parroquias para que sean pregoneras celosas de tu Evangelio, y canales copiosos de tu gracia transmitida por los Sacramentos.


Corazón sacratísimo de Jesús: te consagramos los Institutos religiosos: para que florezca siempre en ellos tu espíritu, y las asociaciones de piedad, de apostolado, de cultura y caridad, para que sean infatigables con la plegaria y la acción en dilatar tu reinado en medio de los hombres.


Corazón sacratísimo de Jesús: te consagramos los hogares para que en ellos reine siempre la dulce paz de tu hogar de Nazaret, te consagramos los padres y las madres para que los ayudes a practicar los ejemplos de tu Madre María Santísima y de tu padre adoptivo San José; te consagramos los niños para que sean cual Tu eras en esa edad feliz; te consagramos los jóvenes para que dediquen la lozanía de la vida a la adquisición de sólidas virtudes, al estudio y al trabajo que los capacitará para ser ciudadanos probos y eficientes; te consagramos los ancianos para que los reconfortes hasta los instantes postreros de su vida.


Corazón sacratísimo de Jesús: los que tenemos la dicha de habitar este suelo que miras con bondadosa predilección, al consagrarnos a Ti para siempre recogiendo el clamor que brota incontenible del pecho de sus habitantes, te consagramos nuestra Patria, heredad bendita que recibimos de nuestros mayores para que sea como ellos la idearon: hija de tu Evangelio, hogar venturoso de paz y de concordia, morada feliz de hombres cultos, buenos y laboriosos al influjo de tus más selectas bendiciones, que imploramos.


Antes de terminar permítenos que, recordándote tu promesa, te supliquemos inscribas nuestros nombres en tu Sagrado Corazón y que durante nuestra vida no permitas que jamás nos separemos de Ti, para que por toda la eternidad podamos participar de tu gloria, Señor Jesús, que con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por los siglos de los siglos. Así sea”.


Notas:

* in illo tempore, apenas superando una veintena, venerables por las virtudes, el episcopado aún no conformaba la numerosa y democrática “Conferencia Episcopal


**he vertido el tratamiento “Vos”, para estar al día con los ajustes idiomáticos impuestos…


P.Ismael


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Soleares pascuales


meditación

sobre un fragmento de una vieja carta

a mi amigo Jerónimo


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La cena de Emaús  (Rembrandt)


Cada día le pido a Jesús que se quede conmigo porque atardece.


Mi vida atardece, mis proyectos ya son noche. Sé muy bien que para todos los hombres cada día atardece.


Y sé también, que muchos viven como si en lugar de atardecer sus vidas fueran amaneciendo. Son formas. Son maneras.

Pero inexorablemente todos atardecemos.


No obstante este sentimiento de ir dejándolo todo me ha plantado en el misterio de Emaús. Me siento envuelto en esa luminosidad del cuadro de Rembrandt, en una luz rojiza y dorada, en un clima de encuentro con el Señor Resucitado, sin que siempre pueda reconocerlo, porque mis ojos están "detenidos"...


Pero me doy cuenta que "es el Señor" cuando parto el pan.

No sé por cuánto tiempo me dejarán partir el pan. Tengo la sensación que llegará un momento, para que mi cruz sea cruz, en que los poderosos querrán atarme de nuevo las manos.


Por ahora me siento envuelto en la luz de la salita de Emaús. No quiero salirme de allí. No me interesa volver a Jerusalén para contarle esto a los "Apóstoles".


Me quedaría allí siempre, mirando la silla donde se sentó el Maestro, recogiendo cada miguita de la mesa, manteniendo la luz... Y cada mañana dejaría todo en orden para que al atardecer del círculo diurno pudiera encerrarme de nuevo y esperar el preciso momento en que se hizo presente.


Yo también, como Cleofás, creía que Él sería el que salvara a Israel, y ya ves... han pasado casi treinta años desde que sucedió aquello y el drama del Calvario se me hace cada día más estable, y las "resurrecciones" menos frecuentes y estables... No me dejo ilusionar por los que dicen que lo han visto no sé en qué circunstancias.


Ya dije en cierta ocasión que no creo en los subproductos de la fe. Tal vez tenga –a lo Tomás el Dídimo- cierta envidia de los crédulos. Pero lo que me domina es cierto desprecio. Sí, desprecio los subproductos, las mutaciones, las baratijas espirituales que, como un desesperado intento de supervivencia nos ofrecen hoy los que se consideran "columnas".


Veo que todo atardece, la fe se va oscureciendo y vienen tinieblas y se han llevado el cuerpo del Señor... y tienen los templos... y las llaves de la ciencia... Y no entran ni dejan entrar. Y es fecunda como nunca la esterilidad.


Sí, es lo único que veo que se reproduce: la infelicidad de ser estéril, profundamente estéril, rabiosamente fecundos en su esterilidad. Nada entregan, a no ser el sin sentido de hacer lo que hay que hacer, lo establecido, cumplir la consigna de hacer infelices a un decreciente ejército de eunucos.


No me pidas que me consuele con un supuesto número de fieles del resto fiel. Cuando el Señor murió, murió y estuvo muerto, bien muerto. No pidas que vea la resurrección cuando veo cadáveres ambulantes y todo lo que creí que tenía vida fosilizado. Hoy sigue muerto entre nosotros y agoniza, como decía Pascal, hasta el fin del mundo.


Mi esperanza viene por otros caminos. Viene de mirar al Señor que me ha mostrado cuánto me ama y que perdona que yo sea tardo en entender que el Mesías debía pasar por su pasión para llegar a su glorificación. Hoy ya no le digo nada. Lo miro. Lo miro en mi agonía indigna y en mis intentos de resucitar con Él. Él me está mirando por otros ojos. No son los de sus vicarios.


Acuérdate que Caifás era vicario del Dios Bendito... Me arrepiento profundamente de haber creído alguna vez en los magnates de esta Iglesia. Me arrepiento de mis disimulados intentos de lograr su favor y ser alguien y pensar que con algo de poder podría haber hecho el bien. ¡Que yo siempre entienda que en la debilidad se manifiesta el poder de Cristo!


Para resucitar hay que estar bien muerto. Y a mí me falta morir a mí mismo y a mi pecado. Por eso no puedo ser ni un Savonarola ni un Pippo Neri, dos florentinos con agallas.


Argentino y gallináceo, con roturas en las cañerías y entuertos por componer, poco tiempo me queda para redimir instancias superiores. Pero debo componer mis cacharros, cuidar mis plantas, enseñar teología y las decenas de cosas que me pertenecen, porque son mías y me aman...


Debo cuidar mi rosa, deshollinar mi pequeño planeta, porque son míos y lloran por mí. No puedo, no debo, no quiero desatender sus reclamos. Y si fueran sus caprichos, son más santos que el presunto celo de nuestros obispos! Yo los complacería gustoso.


Así tendré descendencia, seré su padre, más padre que los que anteponen el Reverendísimo a su paternidad bastarda y ladrona.


Yo, por dentro, siempre fui rey. Para eso nací. Lástima que me haya esclavizado de mi egoísmo. Pero creo que todavía puedo ser generoso si aprendo a quedarme en la salita claroscura de Emaús sin esperar otra cosa sino que Él cene conmigo y me muestre su rostro.


Y deje mi corazón ardiendo…

P. Ismael


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Christus natus est nobis…

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Cuando la Navidad es soledad…

Cuando te das cuenta que todo es regalo y que nada es tuyo.

 

Cuando entiendes que sólo el Verbo del Padre merece todo el amor de Quien lo engendra.

Cuando no tienes sorpresas en tu Belén…

Cuando se olvidaron de saludarte o responder tu cumplido…

Cuando tu familia ya celebra en la otra orilla.

Cuando al día siguiente la Santa Iglesia ya se reviste de rojo para San Esteban…

Cuando terminas de cerrar las puertas de tu capilla y saludas por última vez al Señor Sacramentado…

 

Allí adivinas unos frágiles bracitos, que se agitan entre pañales, están esperando que tú les extiendas los tuyos…

Porque vino a los suyos y los suyos no lo recibieron.

 

Y tu soledad será tan pura como la nieve.

Y tan virginal como el álamo.

 

 

Porque soy sacerdote. Mi bendición.

P. Ismael

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¿Quién eres, Sacerdote?

 

 

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de San Norberto de Magdeburgo

 

"O Sacerdos! tu non es tu, quia Deus es;

tu non es tui, quia servus et minister Christi;

tu non es tuus, quia sponsus Ecclesiae;

tu non es tibi, quia mediator Dei et hominum;

tu non es de te, quia nihil es.

Tu quis ergo es, O Sacerdos? nihil et omnia.

Sacerdos cave ne tibi, quod Christo patienti, dicatur:

Alios salvos fecit, seipsum non potest salvum facere”

 

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“¡Oh sacerdote! Tu no eres tú, porque eres Dios;

tú no eres de ti, porque eres siervo y ministro de Cristo;

tú no eres tuyo, porque eres esposo de la Iglesia;

tú no eres para ti, porque eres mediador entre Dios y los hombres;

tú no eres por ti mismo, porque eres nada.

¿Qué eres entonces, oh Sacerdote? Nada y todo.

Sacerdote, ten cuidado que no se te diga a ti lo que a Cristo en la Cruz:

salvó a otros y no pudo salvarse a sí mismo”.

 

Requiem aeternam dona eis Domine…

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Domine Iesu Christe, Rex gloriae,

libera animas omnium fidelium defunctorum

de poenis inferni et de profundo lacu:

libera eas de ore leonis, ne absorbeat eas tartarus, ne cadant in obscurum:

sed signifer sanctus Michaël

representet eas in lucem sanctam...

 

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SeñorJesucristo, Rey de la gloria

libra a las almas de todos los fieles difuntos

de las penas del infierno y del profundo lago:

líbralas de la boca del león, no las trague el abismo, no caigan en las tinieblas

sino que el abanderado San Miguel

las conduzca a la luz santa…

 


Ofertorio, primera Misa día de Difuntos.

Misal Romano

Hac clara die

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Comparto con los lectores la hermosa secuencia de la Misa de la Natividad de la Santísima Virgen, compuesta por Guillaume de Machaut (1300-1377) perteneciente a su obra “Messe de Nostre Dame”, cuyo texto original en lengua latina aquí traduzco.

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Este claro día la muchedumbre festiva celebra las alabanzas de María tañendo sinfonías melifluas: Señora del mundo, tú que eres la Reina de las Vírgenes, la sola, la más casta, tú que eres Causa de Nuestra Salvación, la Puerta de la Vida, la gracia renovada del cielo.


Quien un día recibiste el anuncio angélico:

Dios te salve María, Llena de Gracia divina a través de los siglos, bendita entre todas las mujeres, Virgen encinta, Madre Inmaculada, honrada por tus hijos.


Al cual respondió María: ¿cómo se realizará lo que tú me anuncias? Pues yo no conozco ningún hombre, y he nacido inmaculada? Y el ángel enviado le da por respuesta: tú serás llena del Espíritu Santo que vendrá sobre ti, trayendo nuevas alegrías del cielo al mundo por el nacimiento de tu Hijo. Tú llevas en tu seno a Aquel que todo lo gobierna y da tiempos de paz.


Amén.


Si algún lector desea escuchar el canto de la secuencia puede hacerlo en este enlace. Fue grabado por “Taverner consort”, bajo la dirección de Andrew Parrot, en Londres ,1983.


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Texto original


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Hac clara die turma festiva dat praeconia Mariam concrepando simphonia nectarea: Mundi domina quae est sola castissima virginum regina, Salutis causa, vitae porta atque caeli refecta gratia.


Nam ad illam sic nuntia olim facta angelica:

Ave Maria gratia Dei plena per saecula. Mulierum pia agmina intra semper benedicta, Virgo et mater gravida intacta, prole gloriosa.


Cui contra Maria haec reddit famina in me quomodo tuo jam fient nuntia? Viri novi nullam certe copulam, ex quo atque nata sum incorrupta. Quia missus ita reddit affata: Flatu sacro plena fies Maria, nova efferens gaudia caelo terrae nati per exordio, intra tui uteri claustra portans qui gubernat omnia qui dat tempora pacifica.


Amen.


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P. Ismael

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Oración para pedir la beatificación

del Siervo de Dios

Papa Pío XII

(para la devoción privada)


Omnipotente y sempiterno Dios, que constituiste a tu siervo Eugenio sublimándolo a la dignidad pontifical de Vicario de Cristo como el Pastor Angélico Papa Pío XII y lo adornaste de heroicas virtudes y esclarecida sapiencia para gobernar tu Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, en dolorosas circunstancias y pruebas; dígnate glorificarlo ahora elevándolo a la gloria de los altares y concédenos por su intercesión el favor que te pedimos, si es para gloria Tuya, extensión de Tu Reino y paz para el mundo, la Iglesia y nuestras almas.


Te lo pedimos por Nuestro Señor Jesucristo, Quien contigo vive y reina, en la unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.

(Pídase la gracia que se desea obtener)

Pater. Ave. Gloria.

(Con licencia eclesiástica)